En ruta

Nunca antes había tenido tanta importancia para mi una fecha determinada.
Y es muy rara la sensación que me provoca... no es alegría aunque debiera serlo, si no tristeza... porque por una parte estoy deseando que llegue y volver a ver esos colores especiales de su iris, pero por otra parte... bueno, sea como sea, sé que llego al famoso cruce, al final de esta estrecha carretera en la que ha desembocado mi vida, del cual parten 2 caminos. Uno es una autopista de 1000 carriles, bien iluminada y con asfalto antideslizante. Del otro solo se aprecian las primeras curvas, muy cerradas y contraperaltadas, y un firme descarnado.
Lo único que tengo claro es que ya no hay más áreas de reposo ni gasolineras en mi ruta actual, que ya vislumbro el cruce, que todo se precipita.
Que hay que elegir y que no hay cambios de sentido ni atajos, y que cada camino lleva lejos del otro, en distintas direcciones, y que sus vectores son divergentes. Que desde una calzada, la otra no se vuelve a ver.
Que el paisaje y los compañeros de viaje son distintos dependiendo de la opción elegida.
Y que me siento como un paquete en una R, no tengo ninguna opción de tomar el manillar y elegir la autopista, no puedo indicar cual es el mejor camino. Esta vez la moto no lleva frenos...

